Por Javi Angulo
RAW Magazine Editor
Jueves, 18 de Junio, 2026
Jueves, 18 de Junio, 2026

Among the Giants 8: Edge of the Fjords (resumen)

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

Noruega no puede considerarse una popular destinación ciclista. No aparece en las listas habituales de “los mejores puertos de Europa” ni presume de un cicloturismo comparable al de los Alpes o los Pirineos. Sin embargo, bastaron unos pocos kilómetros entre Bergen y Voss para entender por qué este país escandinavo merecía una edición de Among the Giants.

Del 31 de mayo al 4 de junio reunimos en el oeste de Noruega a un pequeño grupo de creadores y marcas amigas para explorar carreteras remotas, fiordos profundos y montañas todavía cubiertas de nieve. Una edición más íntima de lo habitual, marcada por algunos cambios de última hora en la participación de embajadores y marcas, que terminó convirtiéndose en una de las experiencias más auténticas y memorables del proyecto.

Junto a nosotros estuvieron Cyclowax, Pirelli, Assos, Sturdy Cycles, CUP Coffee, La Marzocco, Posedla, y Amacx.

Llegada a Voss

El viaje empezó antes del amanecer, con ese cansancio típico de los vuelos tempranos y las maletas de bici que parecen multiplicarse en el aeropuerto. Llegamos a Bergen alrededor del mediodía y esperamos al resto de los participantes antes de poner rumbo a Voss. El trayecto ya dejó claro el tono del viaje: nubes bajas, cascadas cayendo directamente sobre la carretera y fiordos que parecían no tener fin.

Al llegar a la casa, nos esperaba una grata sorpresa: gracias a la ayuda de rRebel, el setup de La Marzocco estaba listo para funcionar. Cafetera encendida, café preparado y una bienvenida que marcó el ambiente de toda la semana.

Pasamos la tarde montando bicicletas y aprovechamos para equipar las cadenas enceradas que Cyclowax había enviado para las bicis de Belén y Sebas. Uno de los focos de atención de la edición fue las dos Sturdy Cycles SC-R de Tom, ambas equipadas con sillines de Posedla. Una era su bicicleta habitual; la otra había sido fabricada específicamente para esta aventura, con geometría personalizada y pintura inspirada en la bandera noruega. Además, y sin buscarlo, casi todos veníamos ya con neumáticos Pirelli de casa, pero no nos negamos a probar los nuevos P ZERO™ Race SL‑R que la marca italiana nos envió.

Como todos estábamos listos a una hora razonable, salimos a hacer un corto shakeout ride bajo la lluvia. Los primeros cien metros fueron un golpe moral importante, ya que nadie disfruta empapándose nada más realizar las primeras pedaladas, pero pronto asumimos que aquello iba a formar parte de la experiencia. Las prendas impermeables de Assos se convirtieron en protagonistas desde el minuto uno.

La ruta nos llevó hasta la cascada Tvindefossen, la primera gran caída de agua que vimos y la última vez que una vista nos pareció excepcional. En Noruega, después de unas horas, dejas de contar las cascadas.

La noche terminó con briefing, cena y una sensación extraña: eran casi las 23:00 y seguía siendo muy de día. El horario noruego descolocó a más de uno durante toda la semana.

Rumbo a la nieve

El primer café de buena mañana en el alojamiento llegó de la mano de Bergen Kaffebrenneri, preparado con granos facilitados en colaboración con rRebel y extraídos por CUP en una La Marzocco GS3.

Tras el desayuno, en el que se mostró claramente quién es de los que comen avena y quién es fiel a las tostadas, entregamos las bolsas de bienvenida que incluían productos realmente útiles de las marcas involucradas. Nutrición, cosmética, recambios y stickers, muchos stickers.

La ruta prevista era de 127 km y 2.800 m+ en formato de ida y vuelta hacia un puerto remoto cerca de Ulvik. De camino, nos sorprendió la calidad de los carriles bici segregados, el tráfico escaso y los conductores extraordinariamente respetuosos cuando compartíamos la carretera. Belén, como si hubiese salido de una carrera de ciclocross, quedó cubierta de barro a los pocos minutos de haber abandonado la casa.

Tras bordear fiordos y atravesar algunos túneles, llegamos a Ulvik para hacer una parada rápida en el supermercado. Allí preguntamos por el estado de la carretera hacia Austdølvatnet, el lago helado que buscábamos alcanzar. Ni siquiera el dependiente local sabía si estaría abierta.

Diez kilómetros después empezó la subida de verdad: un puerto duro, sostenido, con pendientes cercanas al 9% y rampas que superaban el 15%. Según Strava, apenas unas decenas de personas habían pasado por ahí. A medida que ganábamos altura, aparecieron la nieve, las motos de nieve y la maquinaria de la presa situada en lo alto. El paisaje era completamente distinto a cualquier cosa del sur de Europa.

Tom, que empezó el día con dudas acerca de su transmisión 1×13, fue el primero en coronar, una demostración más de la versatilidad de las bicicletas de titanio bien planteadas y, obviamente, su estado de forma.

Justo cuando esperábamos el peor clima del día, ocurrió lo contrario: la lluvia desapareció, la temperatura subió ligeramente y el sol empezó a abrirse paso. Los últimos metros quedaron bloqueados por muros de nieve a ambos lados de la carretera, así que dimos media vuelta a pocos cientos de metros del punto final. Suficiente. El escenario ya parecía de otro planeta.

De regreso a Ulvik, paramos a tomar café frente al fiordo. Ahí comprobamos la hipótesis de que en Noruega todo es caro tras pagar unos 40 euros en cafés para el grupo. Volvimos hacia Voss con el asfalto ya seco y algunos todavía tenían energía para desviarse por un camino de gravel que nos dejó delante del alojamiento.

La recuperación llegó en forma del zumo de cereza de Amacx, y rápidamente nos organizamos para hacer una lavadora común, procesar el contenido generado y volver a encontrarnos en la mesa para la cena.

Casi diez horas en la bici

A la mañana siguiente todos esperábamos a que Sebas apareciera para preparar el primer café del día. Ya se había convertido en parte del ritual, y qué rápido se acostumbra uno a lo bueno.

La ruta circular marcaba 167 km y 2.500 m de desnivel. No tenía grandes puertos, pero terminó siendo una jornada mucho más exigente de lo que sugerían los números. El ascenso a Nesheimfjellet (6,4 km al 9,6%) se hizo especialmente duro por las largas rectas que parecían no terminar nunca.

Había nieve incluso a cotas relativamente bajas y el desgaste era constante: subir, bajar, pedalear, repetir. Pensábamos pasar de largo por el supermercado del kilómetro 60. Las piernas y la cabeza decidieron otra cosa.

Después de bordear el estrecho de Eidsfjorden por una carretera angosta, llegamos a Dale para una parada rápida. Algunos buscaron algo caliente en un restaurante; otros optaron por la eficiencia de los snacks de supermercado.

Lo mejor del día nos esperaba pocos kilómetros después. En la presa de Storfossen, el equipo de rRebel, junto a S.Endeve Sport, había montado una auténtica estación de café móvil: una La Marzocco Mini instalada en una cargo bike. Las bebidas calientes, los espresso tonics y la pastelería local fueron motivo más que suficiente para detenerse otra media hora frente a las montañas noruegas.

Una vez retomada la marcha, el acecho de la lluvia dividió al grupo, pero todos acabamos acumulando casi diez horas encima de la bici.

De nuevo, lo primero que hicimos fue asegurarnos de poner las zapatillas a secar, lavar el resto de la ropa, y comenzar el proceso de recuperación, en el que la Magic Butt Balm de Posedla desempeñó un papel importante.

Esa noche también tuvimos tiempo para una videollamada café en mano, con Víctor, de CUP, hablando sobre su proyecto y el crecimiento de la marca.

El día más espectacular

Con la fatiga acumulándose, llenamos los bolsillos de productos Amacx y salimos hacia una ruta alternativa rumbo al fiordo de Sogn. Alrededor de Voss hay tantas carreteras interesantes que incluso los planes secundarios terminan siendo memorables.

La primera parte repetía algunos tramos del día inicial hasta Tvindefossen, pero pronto nos desviamos hacia zonas mucho más remotas. En el kilómetro 24 hicimos una parada rápida y seguimos avanzando entre campers, señal clara de que algo visualmente atractivo estaba por venir.

Intentamos evitar un túnel, tomando un desvío que resultó ser una carretera abandonada en muy mal estado. Resultado: barro, un pinchazo y algo de arrepentimiento. Más adelante, dejando atrás la estación de esquí de Myrkdalen, apareció un valle enorme con paredes casi verticales y una larga recta que parecía sacada de una película nórdica. Un segundo pinchazo en la misma rueda complicó el día. Descubrimos un pequeño corte en la cubierta y lo reparamos utilizando el envoltorio de un gel de Amacx como parche improvisado. Como se suele decir: a grandes problemas, grandes soluciones.

La recompensa llegó poco después. Tras varias curvas de herradura junto a una gran cascada, alcanzamos una meseta cubierta de nieve, salpicada de lagos de color azul eléctrico y de cabañas rojas. Uno de esos paisajes que parecen diseñados para obligarte a detenerte y hacer fotos.

El plan era seguir hasta el mirador situado sobre el fiordo de Sogn, el más profundo de Noruega. Había viento y la bajada de cinco kilómetros hasta el mirador, sabiendo que después tendríamos que subir por esa misma carretera, nos hizo dudar. Aun así, seguimos adelante y valió completamente la pena.

Las vistas del fiordo eran difíciles de describir sin caer en clichés. La vuelta, eso sí, fue un castigo: viento de cara, lluvia otra vez y piernas muy tocadas. Tom y Sebas decidieron entonces subir el ritmo y nos llevaron de regreso prácticamente a full gas. Las Pirelli P ZERO™ Race SL‑R tuvieron gran parte de la culpa.

Llegamos pronto a la casa, cansados pero convencidos de que había sido el mejor día del viaje. La última noche incluyó la presentación detallada del proyecto Sturdy Cycles, la preparación de maletas y una constatación curiosa: las cadenas tratadas con Cyclowax seguían sorprendentemente limpias después de todo lo vivido. Terminamos con una pizza party y conversaciones que se alargaron mucho más de lo previsto.

Despedida

A las ocho de la mañana nos recogió el transfer hacia el aeropuerto de Bergen. La mayoría de los vuelos salían al mediodía y, como siempre ocurre cuando viajas con bicicletas, tocaba llegar con margen y desmontarlo todo con calma.

Nos despedimos de los participantes y de Noruega con esa mezcla extraña de agotamiento y satisfacción que solo dejan las aventuras compartidas. Un país que llegó sin expectativas ciclistas claras y terminó revelándose como uno de los escenarios más espectaculares que hemos explorado con Among the Giants.

Sebas resumió perfectamente el espíritu de la semana antes de subir al aeropuerto: “Ha sido un verdadero placer compartir toda esta lluvia con ustedes”

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