Por Toni de la Torre
RAW Magazine co-founder
Martes, 17 de Marzo, 2026
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Acercándonos a la industria: Campagnolo

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Entrar en la fábrica de Campagnolo en Vicenza, Italia, es mucho más que una mera visita a una planta industrial. Es recorrer más de noventa años de la historia del ciclismo. Aquí, donde cada tolerancia importa y cada décima de milímetro se controla con una obsesión casi quirúrgica, se entiende por qué la marca italiana, a pesar de las dificultades que ha atravesado en los últimos meses, ha sido y sigue siendo un referente absoluto del sector.

Fundada en 1933 por Tullio Campagnolo, la compañía ha permanecido en manos de la familia durante generaciones. Hoy, bajo la dirección de Valentino Campagnolo, la empresa ha sabido mantener ese delicado equilibrio entre la herencia artesanal y la automatización avanzada.

Hace unos meses tuvimos la oportunidad de visitar esta insignia del ciclismo. Uno de esos viajes en los que las expectativas son buenas y la experiencia vivida acaba siendo aún mejor.

Más de 90 años abriendo camino

La historia de Campagnolo está repleta de hitos que han cambiado el ciclismo. Por mencionar algunos: la invención del cierre rápido de ruedas allá por los años 30, el primer sistema de cambio de marchas rápido o el lanzamiento del primer juego de ruedas moderno, la mítica Shamal. Durante todos estos años, la marca italiana no ha seguido tendencias; las ha creado.

Con más de 3.000 patentes registradas a lo largo de su historia, Campagnolo ha contribuido a muchas victorias en las grandes carreras del calendario internacional, especialmente durante los años 70 y 80, cuando dominaba el sector.

La expectativa de ver lo que esas imponentes naves ocultaban tras las puertas era bastante alta. En nuestra cabeza imaginábamos encontrar un ejército de artesanos fabricando cada una de las piezas que conforman el catálogo de productos de Campagnolo, trabajando el metal minuciosamente a golpe de martillo. Descubrimos, sin embargo, un enorme espacio de trabajo en el que convivían operarios cualificados, enormes máquinas convertidas en reliquias pero perfectamente funcionales, y un gran surtido de robots que automatizaban parte del proceso de fabricación. Un claro ejemplo de que la tradición y la automatización no compiten, sino que se complementan.

Recorrimos la planta por sus diferentes áreas, conocimos de cerca a la gente que hay detrás de cada fase del proceso y pudimos apreciar la complejidad, el nivel de detalle y la precisión que conlleva cada una de ellas. Todo tiene que engranar a la perfección para que el resultado sea de gran calidad y cumpla con los estándares que respalda la firma.

Un nuevo capítulo estratégico

El contexto pospandemia golpeó con fuerza a toda la industria ciclista. Campagnolo no fue ajena a esa realidad, pero la empresa ha mantenido una posición sólida y altamente capitalizada, invirtiendo de forma decidida en automatización y desarrollo tecnológico.

La presentación del Super Record 13 en 2025 sigue siendo su apuesta principal: un proyecto firme y con gran potencial que obliga al resto de la competencia a no bajar la guardia. Quizá este último lanzamiento de Campagnolo haya llegado en un momento en el que los dos grandes, Shimano y SRAM, se reparten la mayor parte del pastel. Aun así, estamos convencidos de que la calidad, los acabados y el gran rendimiento de esta nueva plataforma ayudarán a la marca a recuperar la posición que le corresponde.

Los últimos meses no han sido fáciles para la compañía, pero la reciente incorporación de Matteo Cassina al Consejo de Administración marca un nuevo movimiento estratégico. Con experiencia en finanzas internacionales y una profunda conexión con el ciclismo, su llegada simboliza una apertura estratégica sin renunciar a la identidad de Campagnolo.

Paralelamente, la decisión de reducir la inversión en equipos WorldTour no fue una retirada, sino una reasignación de recursos al desarrollo de producto. La nueva plataforma de 13 velocidades, disponible en configuraciones 1x y 2x para carretera y gravel, representa la apuesta tecnológica más ambiciosa de la firma en años.

Familia, identidad y futuro

Campagnolo sigue siendo, ante todo, una empresa familiar italiana con ambición global. En Vicenza se respira ese orgullo contenido: no es marketing, es cultura industrial.

En un sector cada vez más dominado por conglomerados multinacionales, se apuesta por mantener la producción en Italia, su carácter independiente y su obsesión por el detalle. La fábrica no es solo un centro productivo; es el corazón de una filosofía.

Tras nuestra visita, queda claro que Campagnolo no vive de la nostalgia. Vive de la precisión, de la ingeniería y de la convicción de que el rendimiento es una consecuencia directa del cuidado extremo de cada componente.

Más de noventa años después, la historia no está llegando a su fin, sino que se está afinando.

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